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La Casa Païral se erige como una escapada atemporal, un refugio único donde cada instante parece detenerse para dar paso a la serenidad. Antes de convertirse en el hotel que conocen hoy, nuestra casa fue primero un lugar de vida, cargado de historia y profundamente arraigado en el pueblo de Collioure. Cada piedra y cada rincón de esta morada cuenta una historia: la de una familia local y la de un pueblo mediterráneo que ha sabido conservar su alma.
La casa principal fue construida hacia 1870, una época en la que Collioure se estructuraba en torno a sus grandes mansiones burguesas. Pertenecía a la familia Espériquette, una familia respetada en el pueblo. La casa fue diseñada como una residencia de prestigio, reflejando el estatus de sus propietarios.
El nombre de nuestro establecimiento es un homenaje directo a sus orígenes catalanes. En catalán, Casa Païral significa La Casa del Padre. Este término evoca el papel de hogar familiar transmitido de generación en generación, un punto de anclaje para todo un linaje.
En el centro del jardín destaca nuestro tesoro más preciado: un majestuoso magnolia de unos 140 años. Fue plantado en 1885 para celebrar la nacimiento de Eva, la hija del propietario de la época. Desde ese día, este árbol nunca ha abandonado la casa y se ha convertido en el verdadero símbolo de la Casa Païral.
Antes de abrir sus puertas a los viajeros, parte del edificio albergaba un antiguo espacio de salazón y secado de anchoas. Collioure siempre ha sido famosa por su saber hacer con este pequeño pescado azul. La Casa Païral contribuyó así a la vida del puerto antes de convertirse en un lugar de descanso.
A principios del siglo XX, la casa se convirtió en una pensión de familia. Una anécdota entrañable: Eva, por quien se plantó el magnolia, nació en la actual habitación número 3. Esta habitación sigue siendo hoy un elemento vivo de la historia de la casa.
En 1975, Guy Lormand adquirió la propiedad, seguido por su hija Alix en 1976. Su objetivo ha sido siempre preservar el espíritu original y transmitir a los visitantes la calidez y autenticidad que solo una casa de familia puede ofrecer.
A través de la decoración y el cuidado de los detalles, la historia y el presente conviven en armonía. La Casa Païral no es solo un lugar para dormir, es un espacio donde se toma el tiempo para vivir y reconectar con la belleza de Collioure.